martes, 9 de junio de 2015

Por encima de todo está la misión

El tiempo pasa. Tanto para lo bueno como para lo malo. Y yo, a día de hoy, solo quiero que pase lo más rápido posible. Me gustaría que los meses pasaran igual de veloces que los días. Puede resultar extraño, y muchos pensarán que estoy mal de la cabeza, pero quiero que se vaya de misión ya. Prefiero estar contando los días, tachándolos del calendario, sabiendo que la meta es su regreso que estar viendo cómo pasan las semanas viviendo su ausencia por la preparación y ser consciente de que al final de todo esto se marchará. Hace unos días él mismo me lo dijo. Este tiempo anterior es una agonía, porque es un sufrimiento sin recompensa. Es así.
Intento llevar mi vida de la forma más normal posible. Las rutinas ayudan mucho, hacen que tengamos la mente ocupada y no pensemos demasiado. Pero es inevitable que tenga algunos momentos de tristeza. No por mi, sino al ver a mi marido y a mi hija. Juntos disfrutan muchísimo, ella está muy unida a su padre. Desgraciadamente se está acostumbrando a sus ausencias, y a veces él se tiene que enfrentar a preguntas que a cualquiera le romperían el corazón. Un día se sentó en sus rodillas, le cogió la cara con sus manitas y le dio un beso. A continuación le preguntó: "papi, ¿mañana estás en casa o te vas? Con lágrimas en los ojos le contestó que estaría en casa un par de días más, pero que tendría que marcharse otra vez. Pero su pequeña mente sigue dándole vueltas al asunto, y hace poco quiso saber por qué tenía que irse tantas veces. "Pues porque mi trabajo es defender a la gente y para eso, a veces, tengo que salir fuera de casa", contestó mi marido. Estas palabras me hicieron llorar, porque es una explicación muy sencilla pero cierta. Y lloro porque los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado hacen un trabajo importante, tanto dentro como fuera del país, y ni se les reconoce. Qué trabajo más ingrato desde ese punto de vista. A mi, como familiar directo, me gustaría que se les arropara más, que se les respetara. Les admiro sin límites, porque a pesar de todos los problemas que tienen en su trabajo, de que ellos van a donde les mandan, del sueño, frío y calor extremos, y sacrificios por doquier, hacen su labor con una sonrisa y absolutamente convencidos de lo que hacen. Transmiten valores que yo quiero que mi hija aprenda: honor, lealtad, compañerismo, sacrificio... Por eso mismo, desde este pequeño espacio que tengo a través de la red les doy las gracias a todos. En especial a mi marido, que se ha perdido el primer y segundo cumpleaños de su hija, que este año se perderá el quinto y cuando vuelva habrá crecido tanto que le costará reconocerla. Se va sabiendo que es su deber. Y lo más importante es que yo también. Mi apoyo es incondicional, a pesar de estos meses tan difíciles que nos esperan. Para siempre. Porque como dicen en su ideario: por encima de todo está la misión; el calor, el frío, el hambre, el sueño y el cansancio para mí serán estimulantes.



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